A la ‘Catwoman’ Jocelyn Wildenstein, la muerte la salvó de la cárcel, y es que se enfrentaba a un arresto por ignorar múltiples órdenes judiciales relacionadas con una deuda impaga de 344.000 dólares, según pudo revelar en exclusiva DailyMail.com
La jueza Migna Sánchez-Llorens emitió una orden de embargo después de que la socialité amante de la cirugía plástica no asistiera a una audiencia por desacato el 23 de octubre en Miami.
La orden solicitó a los alguaciles de Sunshine State detener a la Catwoman, de 84 años, e incluso encerrarla en la cárcel hasta que pudiera ser llevada a juicio.
Según informes, Wildenstein se había instalado temporalmente en París cuando murió mientras dormía el martes debido a una embolia pulmonar.
No está claro si planeaba regresar a los EE. UU., donde también enfrentaba la posibilidad de ser expulsada de su apartamento de Miami Beach tras una demanda de desalojo presentada hace solo unas semanas.
Los registros judiciales obtenidos por DailyMail revelan que la socialité supuestamente le debía a Regal Jewelry and Gift Shop $268,000 por gemas que nunca les devolvió, más otros $75,928 en intereses.
La deuda se remonta a su caso de quiebra de 2018, pero cuando no se pagó, la empresa emprendió acciones legales en Miami, donde estuvo viviendo durante los últimos años.
Cuando Wildenstein incumplió los plazos para entregar documentos y programar una declaración, los abogados de la firma pidieron al tribunal que la declarara en desacato.
Wildenstein, madre de dos hijos, fue una de las divorciadas más ricas del planeta después de conseguir un acuerdo de 2.5 billones de dólares tras separarse de su exmarido, el comerciante de arte Alec Wildenstein, en 1999, más 100 millones de dólares al año.
Sin embargo, la familia de su ex marido interrumpió los pagos en 2015, lo que provocó una espiral financiera en su vida económica.
A pesar de haber obtenido más riqueza que la mayoría de la gente podría imaginar, Wildenstein logró desperdiciarla en compras extravagantes en cirugía plástica, ropa, joyas, arte e incluso decenas de miles de dólares en facturas telefónicas anuales, lo que la llevó a morir en la ruina pues en sus últimos años sobrevivía con 900 dólares al mes gracias a los beneficios de seguridad social.