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Pregunta a Águila
Justin Bieber para "Swag" - Foto: IG
Justin Bieber para "Swag" - Foto: IG

Justin Bieber y su equipo realizaron extensivo control de daños para “Swag”

Justin Bieber ya no canta para enamorar, canta para limpiar su imagen y hacer dinero porque se está quedando “corto”. Tras meses de escándalos, comportamientos erráticos y una vida pública desmoronándose frente a todos, el ex niño del pop reaparece con un álbum sorpresa: “Swag”.

Y aunque musicalmente es sólido, nadie se engaña. Este disco no es un renacimiento artístico. Es una estrategia de control de daños cuidadosamente calculada por su nuevo equipo de relaciones públicas.

Ha puesto tanto la cereza del pastel, que un error mínimo acabaría con él públicamente, más.

En los últimos meses, Justin ha sido un imán de mala prensa. Se distanció de su equipo. Abandonó a su mánager de años Scooter Braun.

Y cómo olvidar cuando se burló públicamente de su esposa Hailey Baldwin en Instagram. Esto sin mencionar la escena que hizo en Malibú y que se volvió viral por lo incoherente de sus palabras. “Money, Money, Money”, gritó a los paparazzis.

Cualquier otro artista se hubiese escondido o emitido un comunicado frío de disculpas. La prensa también apoya a los artistas. Pero Bieber eligió otro camino. Y su escándalo se ha convertido en contenido.

Además, el ex de Selena Gómez licenció el audio del incidente, lo convirtió en una pista del disco y lanzó “Swag” sin aviso previo. Aunque ya se sospechaba. Se le vio grabando en múltiples oportunidades.

No hay gira promocional. No hay entrevistas. Solo el álbum y el silencio controlado por su equipo de relaciones públicas en Los Ángeles y Nueva York.

El mensaje entre líneas es claro: “No voy a explicar nada. Todo lo dirá mi álbum”.Pero en el fondo, eso también es una táctica de relaciones públicas.

Psicoterapia y la campaña de relaciones públicas para “Swag”

El disco está repleto de espacios hablados que suenan a confesión. Pero en realidad son fragmentos perfectamente editados para generar empatía. En “Therapy Session”, Justin Bieber afirma sentirse abrumado por las preguntas sobre su bienestar.

En “Standing on Business”, el comediante Druski aparece para decirle que solo está “siendo humano”. No son disculpas. Son explicaciones con narrativa emocional. Y eso, en lenguaje de relaciones públicas se se llama “Gestión de Narrativa”.

¿De qué va? Mostramos una narrativa en la que reconozco que algo pasó. Pero lo cuento “yo” (en este caso Justin), a mi manera. Bajo mis términos y sobre una pista musical que suaviza todo.

El disco cierra con “Forgiveness”. Esta es una pieza hablada a cargo del pastor Marvin Winans. Otro guiño de ojo a su lado espiritual. Mismo que siempre insisten en mostrar.

Esta estrategia ya la usó antes con otro pastor. En aquella oportunidad recurrió al pastor Judah Smith. Ahora repite la fórmula. Porque cuando el caos te rodea, “hablar de fe siempre cae bien” y vende. ¡Hay que ser honestos!

Justin Bieber no está emocionado con cantar

Swag” tiene buenas canciones. Él es buen músico y excelente productor. Sus éxitos pasados lo confirman. Nadie niega eso. Pero lo que está detrás del disco es aún más poderoso que su contenido musical.

Es una jugada de marketing emocional envuelta en “beats”. Justin Bieber sabe que no tiene buena prensa. Todos lo vemos inestable. Incluso, en ocasiones, cruel. Recordemos cuando menospreció la portada de la revista Vogue de su esposa, Hailey Bieber. Le dijo que jamás pensó que lo lograría.

Bieber entonces sacó un disco entero como campaña de imagen. Según expertos, colegas y periodistas y otros relacionistas públicos, las canciones exitosas pueden borrar cualquier escándalo. Y si no, que lo diga DIddy.

Bieber lo entendió a la perfección. Y lo aplicó junto a su “team”. En lugar de pedir perdón, construyó un soundtrack que lo humaniza. También lo victimiza y lo aleja del caos sin tener que dar explicaciones públicas.

El resultado en una prensa hablando del disco y no de sus conductas. Los fans están enfocados en las canciones y las letras. Así es como el cantante de pop se vuelve el dueño y conductor de la narrativa. Estrategia y branding emocional manejado por un cuidado equipo de relaciones públicas especialistas en control de daños. ¡Todo un lujo!

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